TOBBY 1
El 16 de Mayo del 2.001 avisté un perrito french poodle vagando por las calles del Nuevo Campin el barrio donde vivo con mi papá y mis hermanos. De tamaño mediano y color blanco parecía perdido porque no se veía a nadie junto a él y andaba para arriba y para abajo, sin que la gente le prestara atención. Le pregunté a algunas personas si sabían de dónde era ese perrito pero ninguno supo decirme si tenía dueño. Aún estaba limpio y demostraba un carácter sociable pues me acerqué y le acaricié la cabeza. Tenía un defecto a simple vista con el canino derecho sobresaliendo de su boca. En esa época ya teníamos a dos french poodle Motas de 9 años de edad y Pity de 5 años a quienes sacábamos a pasear por las mañanas por los parques y zonas verdes de los dos barrios, Nicolás de Federmán y El Nuevo Campin que colindan por la carrera 36 entre calles 63 y 53.
Esa mañana me devolví a la casa con la certidumbre de que alguien tendría que recogerlo y ofrecerle un hogar como refugio temporal mientras le hallaban nuevos dueños. Así fue. A la mañana siguiente salí a buscarlo y me lo traje amarrado con una vieja correa azul de Motas que hacía juego con el collar azul que traía puesto. ¡Era un perrito de familia recién escapado de su casa! Al sacarlo a pasear por los barrios le pregunté a varias personas con quienes me topé de dónde era el perrito que yo tenía de la mano y una de ellas me dijo que lo había visto merodear por la parte occidental, abajo del Centro de Atención Inmediata CAI. Durante el paseo por mi barrio nadie lo reconoció como mascota de algún vecino de los alrededores.
Por esos día imprimí varios avisos con los datos del perrito que me había encontrado pasando por alto en forma inconciente la característica más notable de su apariencia, el canino derecho que sobresalía de su boca y le daba un aspecto algo estrafalario. Con mi hermana fuimos a colocarlos en varios locales comerciales del Nuevo Campin, Nicolás de Federmán, Pablo VI y La Esmeralda los barrios de donde creíamos provenía el perrito. Con ese signo peculiar en su fisonomía habría bastado para que los dueños lo reconocieran al instante pero ninguno de nosotros cayó en la cuenta de anotarlo. Le puse por nombre Tobby sin saber que años más tarde llegaría a mi vida otro french poodle adorable recogido también de la calle, quien me inspiraría a escribir el libro de mis memorias caninas llamado “Mis mejores amigos son de 4 patas”.
Tobby era un perrito de mirada tierna y comportamiento educado que pronto aprendió a comer el mismo concentrado que le dábamos a Motas y Pity y a usar el garaje como zona de baño de nuestras mascotas mientras estuvieran dentro de la casa. Se quedó una semana con nosotros durante la cual utilizó como su dormitorio el apartaestudio de Motas, que era un simple espacio debajo de los estantes del clóset de mi cuarto con un tapete en el piso y unas paredes acolchadas con cartones decorados con papel de regalo. Instalamos a Motas en otro lugar del mismo clóset y en algunas ocasiones los dos ocuparon el mismo sitio durante un corto instante, el suficiente para haberles tomado una foto que me alegraría haber conservado si mi cámara funcionara. Pero no la había mandado a arreglar. ¡Qué pena! Ocasiones a veces sorprendentes y tan fugaces que solo una fotografía lograría congelar en el tiempo pasaron sin dejarnos una buena nueva cuando las volviéramos a repasar en la memoria.
Pero a comienzos del año 2.001 yo estaba totalmente sumergida en realizar un inventario de los hechos revelados a la conciencia por esas fechas con la escrituración de varios documentos de carácter testimonial, que poco a poco tomarían aspecto de un diario que llamaría luego Diario de Ultramar, una pequeña pieza de teatro titulada “Identificados en cuerpo y alma” y varios formularios de preguntas y respuestas que al final tendrían un solo nombre “Entrevista al corazón vienés”. Leer solamente los títulos evocaron mi reciente inmersión en la finalización de la novela “El pájaro azul de la felicidad”. ¡Cuántos recuerdos de bienaventuranza se despiertan en la mente con esas palabras impresas ahora en papel! Fue una experiencia prodigiosa de la cual salí con la razón ausente de la realidad que me rodeaba porque estaba viviendo aún la trama de la novela, con mi propia vida en suspenso mientras encarnaba al personaje secundario de esa aventura dentro del subconsciente.
¿Quién se iba a imaginar que más tarde tendría que reencarnar dentro de mi verdadera identidad con el dolor del alma por alejarse de su auténtico ser el mundo metafísico? Al terminar de escribir esos documentos de identificación con mi Otro Yo viví un período de iluminación mental que me aisló de casi todos los pequeños detalles de la vida cotidiana. Durante uno de esos periodos en que estaba sacando a la luz la parte oscura que había dentro de mi, se acercó Tobby al escritorio para pedirme que lo alzara y lo coloqué sobre el regazo. Ambos descansamos por un fugaz instante de los afanes de llevar a cabo una tarea que nos hemos propuesto realizar contra viento y marea y ese recuerdo es el que me llevó a contar su historia, para incluirla en el libro que muchos años después se llamaría “Mis mejores amigos son de 4 patas”.
Recuerdo que anoté en mi Diario estas frases que hoy al leerlas para traer a la mente la presencia de Tobby me suenan proféticas y describen el estado de ánimo de una escritora que se sentía el personaje central de una revelación mística a sus sentidos físicos y espirituales:
Mayo 19 del 2.001
“Mi espíritu sigue tus pasos como un perrito que va tras su dueño. ¿Volverás la vista atrás en algún momento para ver quién te sigue? Dime que no soy una extraña para tu manera de andar. Puedo entender tu lenguaje. Estoy aprendiendo tu lengua. ¿Será este el viento capaz de levantarme sobre su oleaje para enrumbarme hacia ti? ¡Ah! ¡Cuánto deseo aspirar el aroma de las lilas en primavera! Podré poner mis manos sobre tu pecho y pensar que la tierra y el cielo son uno solo. Dime que si. Que yo he tocado tu corazón y tú has palpado mi alma. Tu paciencia es grande pero la mía es muy poca ya”.
Como resultado de los anuncios llamaron varias personas interesadas en adoptar a Tobby. Una de ellas fue una señora de La Esmeralda quien nos preguntó si el perrito tenía unas manchas café por debajo. Nosotros no se las habíamos notado y le dijimos que no, pero al examinar a Tobby caímos en cuenta que si tenía unas manchas café en su abdomen. ¡Que despiste! Si la señora en vez de preguntarnos por esas manchas nos hubiera dicho que su perrito tenía el canino del lado derecho por fuera de la boca nos habría puesto sobre aviso de que ese era su perrito. Otra persona que se interesó por Tobby fue un familiar de uno de los propietarios de un conjunto cerrado de apartamentos de la carrera 35 A No 57 A-91, quien me dijo que le dejara el perrito en la zona verde mientras él bajaba a verlo y ahí se quedó varias horas esperando el muchacho que nunca llegó hasta que yo pasé nuevamente por ahí y al verlo todavía amarrado a un árbol le dije al celador que me lo llevaba. ¡Qué falta de consideración con los animalitos!
Pero el destino quiso que lo entregáramos a otra persona y Tobby se fue después de compartir con nosotros su presencia durante una corta estadía en total armonía con nuestras mascotas Motas y Pity y el resto de la familia. Le deseamos buena suerte en su nueva vida. Me abismé nuevamente en el único quehacer de ese tiempo de inspiración que para mi pasó muy pronto, poner por escrito el testimonio de la experiencia metafísica más gratificante de mi existencia. Las obras que salieron de mis manos en esa época me alentarían más adelante a proseguir por el camino de la escritura, con el salvoconducto de la identificación con lo que siento, pienso y hago como medio de expresar mi verdadero ser que hasta ese momento no había podido surgir y afirmar Yo Soy. Gracias al maestro espiritual El Amigo Jesús que encontré a mi lado cuando creí hundirme en el subconsciente y no poder ordenar los pensamientos con la razón de ser de una mente con juicio y conciencia de sus propias decisiones y puntos de vista.